Nos conocimos en el gimnasio de la ASOUNA. Cada vez que veía a Kimberly me llamaba la atención, pero no tenía idea de cómo se llamaba. Hasta que, un día, uno de los entrenadores me reveló su nombre.
Poco después, por cosas del destino, su perfil me apareció como sugerencia en Facebook. No lo dudé: le envié una solicitud… y también una en Instagram.
Así comenzó todo. Le escribí, empezamos a conversar y pronto coordinamos nuestra primera cita. Muy románticos, fuimos a ver John Wick en Multiplaza Escazú —aclaro que fue su elección, porque me dijo que le encantaban las películas de acción.
Nos hicimos novios el 10 de abril de 2017. Francisco nunca había hecho canopy, así que planeamos una visita a Recreo Verde en San Carlos. Después de esa aventura, la idea era quedarnos en un hotel cerca del volcán Poás, donde él tenía preparada una sorpresa. Nervioso, me pidió que saliéramos a ver la luna llena. Hacía frío, el cielo estaba despejado y fue en ese momento cuando me preguntó si quería ser su novia.
Con el paso de los años, y en plena pandemia, construimos nuestra casa y decidimos mudarnos juntos a las montañas de San Rafael. Nos encanta el clima frío, rodearnos de árboles y disfrutar de una vista espectacular.
Queríamos un hogar con una zona verde amplia, pensando en hacer crecer la familia. Así llegó Luke, nuestro primer perrito: amargado, delicado, pero adorable, que con su carácter nos cambió la vida. Un año después llegó Moon, la perrita más dulce, amorosa y traviesa, perfecta para acompañar a Luke. Hoy son inseparables.
Para el compromiso, cumplimos uno de nuestros mayores sueños: viajar a Islandia y ver las auroras boreales, gracias a Johnny Travels. Era el escenario perfecto para una propuesta de matrimonio.
Mantener el anillo oculto fue toda una misión, sobre todo porque compartíamos el equipaje. Terminé escondiéndolo dentro de un jeans en mi bolso, esperando el momento indicado.
En una de las excursiones, visitamos un río termal llamado Reykjadalur, rodeado de nieve y con un paisaje que parecía sacado de un sueño. Durante la caminata, cuando por fin no había nadie alrededor, le pedí que nos tomáramos una foto… y fue justo entonces cuando le hice la gran pregunta.
Ella dijo que sí.